"Los árboles caídos también son el bosque", Alejandra Kamiya
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| Nora Iniesta |
Se trata del primer libro de cuentos de los tres que escribió Kamiya (2015).
Es un volumen de gran calidad literaria; según lo que leí, se trata de piezas ganadoras de importantes concursos literarios, lo cual se nota en lo logrado de cada de ellas. Los cuentos son sólidos y conmovedores. Funcionan y se disfrutan. La escritura, prolija, con un dejo de poesía. Su voz, auténtica, sin pretensiones, serena y a la vez potente, nos reconecta con esa tradición cuentística que sabe hacer las cosas bien. Las historias, de tono intimista, son muy variadas entre sí: van desde el campo argentino hasta Japón, desde un soldado que cava un pozo a un par de niñas amigas que viven aventuras en el monte, desde una inquietante segunda persona a una plácida primera. Lo que comparten todas Tienen mucho peso las relaciones interpersonales, especialmente las que se dan en el ámbito de la familia. Aparece también la crítica social, magistralmente desarrollada, en cuentos como "Fragmentos de una conversación" o "Las botas".
Características generales
Tono calmado: sus historias avanzan con una calma muy medida, casi contenida. Lo importante muchas veces no es lo que sucede, sino lo que queda flotando. Hasta lo trágico es contado transversalmente, incluso con silencios.
Personajes vulnerables: hay soledad, pérdida, fragilidad (pero sin golpes bajos).
Influencia japonesa: cierta economía del lenguaje, una sensibilidad contemplativa, el hecho de que detrás de una apariencia serena sucedan un montón de cosas fuertes.
Kamiya es una escritora que merece la fama y el reconocimiento que tiene.
El cuento que más me gustó es "La oscuridad es una intemperie". Lo encontré leído en voz alta nada más y nada menos que por Quique Pesoa ((aquí).

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