"Venganza", Yoko Ogawa
Si es verdad que el título original se traduce efectivamente como "Cadáveres silenciosos, funerales indecorosos" (y no es pescado podrido de la amistosa IA) podemos decir que le va de maravillas a esta obra de Ogawa. Incluso el subtitulo de la versión en inglés, once cuentos oscuros, le rinde plena justicia.
Lo primero que tenemos que decir es que estamos frente a una completa rara avis en el mundo actual de las Letras. Un libro casi inclasificable, inasible diría. El volumen se abre con un cuento sutil y delicioso (en el plano de lo realista), donde lo oscuro se desarrolla a la luz de un sol de domingo. Me trajo reminiscencias a Carver, aunque las descripciones de esta autora tienen mayor peso y resultan muy plásticas. Ya en los cuentos siguientes, el asunto se empieza a enrarecer, a complejizar, no sólo en cuanto a los temas sino también en relación a las estrategias desplegadas: empezamos a notar que hay personajes y escenarios que vuelven a aparecer, además de elementos en la historia (por ejemplo, la presencia de un edificio abandonado lleno de kiwis) que nos asombran o interpelan. El libro se va volviendo absolutamente sórdido, inesperado, ominoso (un adjetivo que describe a la perfección este texto). Sin darnos cuenta, estamos inmersos en una lectura por momentos agobiante, en una atmósfera oscura, sin que sepamos muy bien a qué se debe. Quizás, a esta telaraña de interacciones que se va creando, o al detalle siempre agradecido de la mise en abyme, por el hecho de que algún cuento o pasaje haya sido escrito por alguno de los personajes. En algunas pocas ocasiones, Ogawa incluso se permite jugar con el estatuto de realidad de las historias, dándonos diferentes versiones de un mismo hecho. O dejar cabos sueltos, o plantear una historia llena de huecos. Lo que hace esta autora es realmente una maravilla, juega con nosotros como un gato con su presa. En lo personal, me recuerda a las atmósferas oprimentes del nouveau roman donde los detalles quedan resonando, latentes (para reaparecer luego) y las historias operan por resonancia.
Es una lectura indicada para quienes disfrutan con un texto lleno de sorpresas discursivas y no le tienen miedo a las imágenes fuertes ni a los climas oscuritos. No es de asombrar que Ogawa haya ganado la mayoría de los premios literarios japoneses con su prolífica producción.

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