"Las malas", Camila Sosa Villada



Se trata de un texto que viene precedido por la potente figura de su autora y por una catarata de excelentes críticas (por parte, tanto del sistema literario, como del público lector). Estos elementos influyen (para bien o para mal) en la primera impresión sobre la novela.

Hablando del acontecimiento literario en sí, creo que la existencia de este libro es algo para festejar: en un mundo en el que las estadísticas nos muestran que las mujeres trans tienen una baja expectativa de vida y un sino mayormente marginal y trágico, el hecho de que Camila haya logrado ganar un respetable lugar en el mundo del arte, es sumamente valioso para todos nosotros como sociedad. 

El libro habla sobre la vida de un grupo de prostitutas que se nuclean en el parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba para ejercer la prostitución. Allí, encuentran a un bebé abandonado, la tía Encarna (la más grande del grupo, la más maternal) se hace cargo de él, y el resto de las chicas cumplen el rol de tías. Esta es sólo una de las líneas argumentales de una historia que tiene mucho de autobiográfico. La narración está condimentada con breves pasajes que se instalan de lleno en pleno realismo mágico. Sosa Villada elige una narradora en primera persona (claramente, un alter ego) con un tono bastante directo, pero no por eso menos poético. Se describen escenas crudas sin caer nunca en el golpe bajo. Se trata de una voz testimonial que nos pone como testigos de situaciones que atraviesan las mujeres trans en su día a día (partiendo de la infancia y del núcleo familiar). Un camino duro y contraconvencional. El libro busca empatía y la logra con creces. Una suerte de denuncia contra el machismo, la hipocresía, la marginalidad que no deja a ningún lector indiferente.

Hay espacio también para algunas escenas alegres donde se destaca la sororidad y el espíritu vital, como aquella de la cena de Navidad, muy bien lograda. Justamente, una de las cosas mejor logradas es la construcción de escenas: resultan realistas, sensoriales y plásticas, pudiendo traspasar al lector la sensación que viven los personajes (miedo, dolor, etc.).

Sobre los temas abordados y el hecho de que se trata de una novela necesaria, hay mucho escrito: el libro lo merece. Ahora bien, en cuanto al artefacto literario, encuentro algunos puntos a señalar. Primero y principal, se trata de un texto demasiado autobiográfico (esperaba que fuera más literario); quiero decir, si ya hemos leído entrevistas a la autora (incluso habiendo leído alguno de sus textos breves) ya conocemos algunas de las cosas narradas, resulta un universo conocido. En cuanto a las escenas de realismo mágico insertadas, advierto cierta desconexión con respecto al resto de la novela, no me parecen bien articuladas del todo con la trama (excepto, quizás. la metamorfosis de María la muda). En cuanto al argumento, disiento con los lectores que la describen como una novela de iniciación: en lo personal no he advertido una evolución del personaje principal. Tampoco hay un desarrollo profundo de los personajes secundarios actúan como meras máscaras. 

En cuanto a la arquitectura global de la obra, los núcleos narrativos no están presentados de manera orgánica, parecería más bien un encadenamiento de anécdotas. Personalmente, no encontré una tensión que recorra la obra de principio a fin (advierto una carencia de teleología que sostenga a las distintas escenas). Noté, además, un leve exceso de expresiones sentenciosas (suerte de crudos aforismos de la condición de la narradora). Por estos motivos, la lectura se me hizo un poco cuesta arriba: me sentía en un loop. 

En conclusión, creo que este texto es muy valioso desde la propuesta de visibilización de la temática trans/travesti en el contexto de los 90, también como gesto escritural (desde dónde se escribe, en qué lugar se coloca la autora): una primera persona cuya voz (cargada de valentía y de verdad) nos atraviesa y pone luz sobre aspectos cotidianos velados. 









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