"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

19 julio 2018

"Tres luces", Claire Keegan


"Admiro muchísimo a Chéjov, sus cuentos son muy compasivos, muy humanos; se relaciona con las personas y no las juzga. Entiende mucho la fragilidad y dureza de la vida, pero al mismo tiempo es tierno, amigable y nunca racionaliza ni explica las emociones".  Claire Keegan                                                                                                           
Se trata de la primera novela de esta celebrada cuentista irlandesa.
El texto en cuestión es muy breve (en mi opinión, es más bien un cuento largo), y de factura sencilla, lineal y despojada.
Somos testigos de la vivencias de una niña en una casa desconocida: allí la dejan temporariamente sus padres (entre indigentes y abandónicos), a cargo de un matrimonio que no tiene hijos.
Lo relatado es sumamente sencillo, sin embargo lo no dicho adquiere un peso muy notorio a lo largo del relato.
"Se ha subrayado en los relatos de Keegan el uso notable de la omisión, un recurso que para ella forma parte de la naturaleza misma del cuento, en tanto “es necesario dejar afuera la mayor parte de lo que podría decirse”. El cuento, en ese sentido, es definido por Keegan como “una disciplina de la omisión”. Aquí, la omisión tiene que ver, también, con la decisión de mantener el relato estrictamente apegado al punto de vista elegido para narrar, es decir, el punto de vista de la niña." (Reseña en Revista Ñ)
En lo personal, me causó una marcada tensión convertirme en testigo de las vivencias de una niña en la casa de unos completos extraños; a lo largo del texto se puede vivenciar el estado de vulnerabilidad al que están expuestos los y las menores. Por esta presencia de lo latente ominoso, lo leí todo el tiempo con el aliento cortado (aunque en verdad no estoy segura de que estos aspectos formen parte del efecto de lectura buscado). A pesar de estas sensaciones de lectura, no es un texto que me haya encandilado particularmente. Lo recomiendo para que cada lector/a pueda ver qué le pasa frente a él.

J.P. Rooney

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