"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

01 enero 2018

"La galaxia caníbal", Cynthia Ozick

Esta novela (con su sugerente título) me llegó precedida por la fama de Cynthia Ozick, quien además de ser una celebrada ensayista, tiene el discutible (pero no por eso menos seductor) mérito de estar siempre a un palmo de ganar el Nobel. Esta es su segunda novela.  
Escrita en una prolija tercera persona, nos acerca a la vida de Joseph Brill de manera casi biográfica. Se trata de un sobreviviente del Holocausto que crea un sistema de enseñanza Dual (ciencias/religión) en los Estados Unidos, donde transcurre el resto de su tranquila vida. Solitario, soberbio y un tanto frustrado, Brill lleva una vida austera y ordenada como amo y señor de su feudo educativo, hasta que entra al colegio la anodina hija de una famosa filósofa.  
La novela centra el interés en la mirada del protagonista sobre las aptitudes intelectuales de las personas (especialmente las de los hijos) y su proyección en la sociedad. El texto ofrece un puñado de ideas y momentos atractivos (la reescritura del tópico del burlador-burlado nunca deja de resultar interesante), sin embargo el planteo global es demasiado clásico, se mueve todo el tiempo en aguas de la intelectualidad, abordando cuestiones que me han parecido desactualizadas y haciéndolo de un modo un tanto superficial. Por más que los diálogos, reflexiones y alusiones propuestos apunten a cierta profundidad intelectual, el texto no va hasta el fondo de algunas de las cuestiones planteadas, tampoco moviliza o asombra con lo que propone (más bien todo lo contrario: entra en el orbe de lo previsible).  
En conclusión, un texto bien escrito, acorde a los lectores más clásicos, completamente inocuo.





A continuación, transcribimos fragmentos de una entrevista a la autora, realizada por Ana Prieto para Revista Ñ:

–¿Cuál fue el origen de La galaxia caníbal?
–La novela se desarrolló a partir del cuento “La risa de Akiva”, que publiqué en The New Yorker con resultados inesperados y chocantes: la amenaza de una demanda de parte de la escuela a la que asistía mi hija. El director creyó que el director de mi historia, Joseph Brill, era una apropiación suya y se ofendió seriamente, igual que varios padres. Este es un problema que muchos escritores han tenido que soportar, incluyendo George Eliot, cuyo libro Escenas de la vida parroquial desagradó a un pastor que ella había conocido en su niñez y que aseguró que los relatos apuntaban contra él. No estaba muy equivocado, como tampoco lo estaba el director de la escuela de mi hija. Pero los personajes de ficción son siempre mezclas de lo conocido y lo imaginado; nunca son retratos directos. ¡Y resultó que al menos otros dos directores de escuelas de doble currículo en diferentes partes del país también se identificaron con mi personaje! Debido a todo el revuelo ocasionado, enterré la historia y comencé de nuevo, cambiando el escenario original a París, y descubriendo una perspectiva totalmente diferente que no había contemplado en la versión original. Me llevó a una época de horrores: la redada contra los judíos perpetrada por la gendarmería francesa.
–Escribió la novela hace más de treinta años. ¿Sigue teniendo para usted el mismo significado que entonces? ¿O las novelas cambian para sus autores, tanto como cambian para los relectores?
–Después de publicarla releí La galaxia caníbal solo una vez, y hace bastante. No sé qué pensaría y sentiría hoy, pero en aquella relectura me sorprendí no tanto por los personajes y la narrativa, sino por la textura literaria del libro. Los problemas que sus orígenes me habían causado ya se habían desvanecido casi por completo, y pude leer la novela como si alguien distinto la hubiera escrito. Todo era nuevo y desconocido, y me sorprendió su poder para incomodar, atrapar y conmoverme.
–El personaje de Joseph Brill aplica en la escuela que dirige un experimento utópico dentro de un plan de estudios dual que quiere combinar conocimiento y espiritualidad; “astrónomos y adoradores de Dios”. No siempre fue así, pero el ideal científico y el ideal espiritual parecen ser hoy caminos por completo irreconciliables. ¿Por qué?
–Si Atenas y Jerusalén (que es lo que en esencia define el currículo dual de Brill) son irreconciliables hoy en día, es porque la sociedad, en esta coyuntura de un siglo ya muy mancillado, parece insistir no en puentes sino en fisuras (por supuesto, solo puedo hablar de la sociedad en la que vivo, pero uno tiene la impresión de que Occidente sufre esta aflicción en común). Esta plétora de fisuras ha adquirido un nombre: “políticas de la identidad”, un movimiento internacional que busca constantemente activar quejas que provienen de rivalidades; y las quejas conducen a odios tanto antiguos como recién formulados. (La queja, por cierto, no es lo mismo que el dolor: el dolor es real. La queja es artificio: propaganda para justificar el odio). Hablar de Atenas y Jerusalén es precisamente hablar del tejido que conforma el puente mismo de lo que entendemos por civilización occidental: el entrelazamiento de la filosofía y la profecía, de la ciencia y la conciencia. Hoy este tejido indispensable parece estar deshilvanándose.

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