"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

16 julio 2014

"Las primas", Aurora Venturini

Henri Rousseau


Cuando en el 2007, Aurora Venturini ganó el premio Nueva Novela de Página/12 a sus 85 años fue toda una conmoción; dice la leyenda que hasta pensaron que se trataba de una humorada de Aira. Por más que viniera escribiendo desde hacía mucho, que fuera amiga de Evita, y que formara parte del grupo de escritores que vivieron en París e hicieron migas con un montón de intelectuales famosos, a ella la celebridad le llegó recién en estos últimos años. Tiene con qué.
Por lo que se puede leer en entrevistas, esta novela fue escrita especialmente para participar del concurso.
La novela es un largo discurso en primera persona, una suerte de monólogo llevado adelante por la pintora Yuna López (Riglós como pseudónimo), una chica que se reconoce con cierta minusvalía intelectual, por más que sea una verdadera artista. Por este motivo, todo lo que narra está revestido por una notable ingenuidad, y también por una gran poesía. El hecho de que a la narradora poner puntos y comas le haga doler la cabeza, habilita a la autora para despacharse con un lindo e interesante estilo narrativo, poco visto en la literatura actual. Todo el tiempo hay comentarios metadiscursivos y hasta el recurso de colocar entre paréntesis la palabra diccionario luego de algunas palabras que supuestamente no son usuales para Yuna, que es quien nos habla. El texto se separa en tres partes y todas ellas tienen capítulos de un par de hojas con su correspondiente título.
En cuanto a lo contado, estamos también frente a un escenario repleto de singularidades: una hermana con discapacidad severa, una madre -maestra de puntero portar-, un profesor de arte un tanto misterioso, una tía virgen e insoportable, su pobre prima Carina y su prima coprotagonista de la historia, la enana liliputiense Petra. Como dice la narradora, "en nuestra familia a todas nos fallaba o faltaba algo". El tenor de las anécdotas no es menos singular, sucede de todo y mayormente truculento, extraño, absurdo, grotesco. El estilo manejado por la autora es candoroso y malévolo a un mismo tiempo, a mí me hace acordar un poco a Marosa di Giorgio. A su vez -especialmente en relación al estilo narrativo- le encuentro reminiscencias a obras como Los santos inocentes -Delibes- o tantas otras de la literatura hispanoamericana que ahora no me vienen a la cabeza, pero que se caracterizan por una impronta experimental y por un alto nivel de crudeza. En este sentido, por más que la novela sea actual, resulta claramente contemporánea de aquellas que nos asombraron en movimientos como el Boom latinoamericano.
Se trata de una novela que se sube a las posibilidades del lenguaje para llevarnos a lugares que nos pueden llegar a resultar más o menos conocidos, pero que tienen siempre que ver con el lugar de las mujeres en la sociedad, con el sexo y las relaciones familiares.
Un texto para disfrutar, resulta un verdadero oasis en las letras actuales. Me gustó mucho.



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