"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

23 julio 2015

"En presencia de un payaso", Andrés Barba

"Luego he sabido que en la película de Bergman lo que sucede en presencia de un payaso es la muerte, lo que sucede en presencia de mi payaso tal vez ni yo mismo sepa muy bien lo que es, pero no hay duda de que tiene que ver con el amor y la vida". 
EPILOGO, UNA ACLARACION SOBRE EL TITULO

Estaba esperando desde hacía mucho poder leer al joven y prestigioso autor español, que según dice, va en camino de convertirse en clásico. 
Sinceramente, me desilusioné mucho. En presencia de un payaso (me dejé llevar por el título sugerente) me pareció un texto absolutamente soso, y con muchas falencias narrativas. Por empezar, hay una dificultad de construcción en el interior del párrafo. A la hora de situar los tiempos de la narración,  en numerosos casos no sabemos con exactitud a qué momento corresponde lo contado (si a un pasado reciente de la narración o a algo más lejano en el tiempo). En otros pasajes, el narrador parece dispersarse sin que responda a una necesidad textual o a una elección estética.
La prosa es pausada, aunque me resultó francamente agotador el modo en que, todo el tiempo, el narrador glosa lo que está sucediendo; como si los personajes no se pudieran tomar tranquilos ni un vaso de agua sin que aparezca esa voz que nos hace alguna acotación subjetiva que al autor (y a muchos lectores) debe de parecerle muy interesante, pero que por su cosmovisión quizás no lo es. Pienso que la operatoria no está mal si la historia es potente o si lo acotado supone un hallazgo conceptual. Pero en este caso, ni lo uno ni lo otro: la historia es mediocre y lo acotado -para un lector entrenado-, también. 
"A continuación hablaron de tener un hijo. Lo habían hecho, por supuesto, otras veces, siempre de una manera genérica. ¿A quién no le apetecía  tener un hijo de una manera genérica, un hijo que fuera idéntico a uno pero en una versión de una alegría luminosa, leal, siempre dispuesto a la monería pero impresionantemente inmóvil y pacífico durante las horas de sueño?" (pág. 114) 
A nivel temático hay varias puntas que se tiran, sin que ninguna tome fuerza. Los personajes elegidos, por su parte, tienen mucho de esa singularidad forzada de la que echan mano los autores noveles. No tienen ninguna profundidad ni generan ningún tipo de empatía o resonancia en el lector. Me molestó que la novela estuviera expresada con intenciones de resultar trascendente en cosas que no lo son en absoluto, repito: por lo menos para un lector medianamente avezado. 
La novela cuenta unos días en la vida de un joven físico que acaba de ser aceptado para publicar en la más prestigiosa revista de su área y por eso debe escribir una reseña autobiográfica (algo de lo que el autor se toma como si supusiera un gran hallazgo conceptual con un montón de posibilidades interesantes ¿?). Al mismo tiempo, su esposa recibe la visita de su hermano Abel (y de su novia Mina), un actor cómico que fue famoso hace unos años, pero que ahora vive en Colombia. Lo poco que sucede, transcurre en unas navidades en cercanías de Madrid. Y, a decir verdad, el hecho de que Abel haya sido "payaso" (en sentido estricto, actor cómico) no corta ni pincha en lo que se narra. El tema (podemos aventurar que son las relaciones familiares, la propia biografía) está presentado de manera insulsa, sin vena ni atractivo alguno. No hay absolutamente nada en la trama que nos entusiasme para seguir leyendo. Es de esos textos que podríamos olvidarnos en alguna parte y no lamentaríamos en absoluto quedarnos sin saber qué pasó con los personajes. 
No me atrajo para nada, así que -con suma lealtad hacia los que gustan de la buena lectura- evitaré recomendarlo. ¿Para qué?

Otra crítica, en este mismo tenor, en La medicina de Tongoy.
Si desea leer comentarios elogiosos sobre la obra, deberá ir a páginas más comerciales. 

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