"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

12 abril 2015

"California", Eduardo Mendicutti


Novela súper interesante y entretenida.
El protagonista es al mismo tiempo narrador, un hombre joven que pasa una temporada en California en los años setenta. La voz narradora es casi verborrágica, utiliza mayormente un argot propio con vocablos en espanglish y expone una energía desbordante. De este modo, nos acercamos a una serie de anécdotas muy cercanas al absurdo, llenas de colorido y con referencias reales (Hollywood y todo ese mundo kitsch más las alusiones a la España de esos días, como forma de contraste), filtradas por la visión de un muchacho desprejuiciado y gay.  La novela presenta un quiebre espacio-temporal cuando asistimos al presente del protagonista, treinta años más tarde, en Madrid. Es interesante el proceso que se ha dado en Carlos (ya no es más Charly), especialmente en relación a sus convicciones ideológicas frente a la homosexualidad. Quizás (pero sólo quizás) la primera parte parte resulta excesivamente extensa, desequilibrando un poco al conjunto.
Creo que esta novela, más allá de su tono, tiene claros puntos de contacto con "El lustre de la perla" (me darán la razón quienes han tenido el placer de leer ambas).
Un texto entretenido pero con mucho trasfondo, me gustó mucho.
Les dejo como yapa las propias palabras del autor:

¿A quién le recomendaría que leyera California? A todo el mundo, claro. No sólo a los gays, por supuesto. Ni tampoco sólo a los heterosexuales que quieran librarse de prejuicios, como ha dicho alguien (bueno, lo ha dicho un crítico que, evidentemente, no ha leído, supongo que por falta de tiempo, la segunda parte de la novela). Quiero que lea la novela cualquiera que esté dispuesto a compartir conmigo una experiencia literaria y narrativa en la que se puede ver el mundo de determinada manera, y en la que uno puede partirse de risa y conmoverse de verdad.

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