"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

12 diciembre 2014

"El ardor de la sangre", Irene Nemirovsky

Se trata de un texto con una singular historia: escrito entre 1941 y 1942, fue publicado recién en 2007, luego de que los editores de Nemirovsky encontraran el manuscrito completo. Sus hijas estaban en poder de las primeras páginas mecanografiadas, de modo que con el hallazgo se pudo completar el texto. De esta manera, se sumó al corpus de novelas que la reconocida escritora llegó a escribir antes de su terrible final en Auschwitz.
Esta novela se encuentra narrada desde la voz de un señor mayor (un tanto ermitaño) que vive en la campiña francesa. Con un ritmo muy ágil y gran espíritu de observación, el narrador nos cuenta cómo es la vida en esa parte del mundo, cómo son los seres que la habitan y, principalmente, los modos de actuar en relación al amor y los impulsos. El ardor de la sangre en la juventud parece ser el leitmotiv que guía la historia. El texto despliega un fresco de esa sociedad y permite hacernos reflexionar sobre  las cuestiones expuestas.
En lo personal, la primera mitad me pareció absolutamente cautivante, tanto por su estilo narrativo (con descripciones muy certeras y climas muy bien recreados) como por la historia, que se va tejiendo sobre misterios y sugerencias. Sin embargo, el desarrollo del resto del texto se me hizo un tanto más inverosímil, dadas las vueltas de la historia central. De todos modos, se trata de un texto ameno y rico, muy recomendable.
Julien Dupré




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