"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

13 julio 2014

"Sopa de miso", Ryu Murakami



Hace muy poco me enteré de que en las letras niponas existe más de un Murakami. Se trata de un director de cine, guionista y prolífico escritor, muy best seller en su país de origen (es el responsable de la novela que se hizo popular a partir de su perturbadora versión fílmica, Audition).
En este caso, estamos frente a una novela cuya tapa la propone (entre luces de neón y la imagen de una chica) como "Uno de los thrillers más salvajes desde El silencio de los corderos". Por suerte, esto no le hace justicia a la novela con la que vamos a encontrarnos.
Se trata de un relato muy ameno y dinámico. Kenji es un jovencito que trabaja de guía nocturno para extranjeros en el submundo sexual de Tokio. A días de año nuevo, lo contrata Frank, un yanqui muy particular que, desde los primeros momentos, le hace pensar a Kenji que puede estar viéndoselas con el brutal asesino que conmociona la ciudad. De aquí en más, todo es un ir deambulando por la noche lumpen, cruzándose con distintos personajes, sometiéndose a situaciones absurdas y, más que nada, protagonizando un ping pong entre la cosmovisión nipona y la norteamericana.
Los diálogos son excelentes, el ritmo de la prosa también lo es, la tensión (no es tensión de thriller) está muy bien manejada, y los contenidos abordados (más allá del shock de la sangre, que tiene mucho de grotesco, de terror clase B) nos dejan pensando profundamente en las cuestiones que se tocan, que son -nada más y nada menos- que el sentido de la vida y manera en que nos acomodamos a la sociedad actual.
Por momentos, la novela me pareció bastante divertida. En otras ocasiones, de sus páginas se desprende un contundente sentimiento de dolor. Le encontré bastantes similitudes con Palahniuk, para quien "derrapar" y provocar asco tiene una finalidad muy específica y muy certera. Ciertos pasajes son absolutamente poco recomendables para los más sensibles; sin embargo, uno se queda pensando si la obra sería lo mismo sin esas partes. Creo que no, que forma parte de la leyenda moral que construye el autor: al enfrentarnos a cosas que no queremos ver -decirnos cosas sobre nosotros mismos que no queremos escuchar- las imágenes grotescas e hiperbólicas acompañan el mensaje a modo de refuerzo. Además de esto, la obra nos ilustra de manera práctica sobre un país que nos desconcierta en muchos aspectos, pero que en otros nos va a parecer profundamente cercano. 
También tengo que decir que la encontré muy japonesa al estilo Oé o Mishima, con esa crueldad y desencanto profundos que te pasan por encima y te dejan pensando.
Una novela excelente, que me deja con ganas de más de este recién descubierto Murakami. 






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