"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

04 mayo 2014

"Yo también tuve una novia bisexual", Guillermo Martinez

Es realmente un misterio para mí cómo se manejan las relaciones institucionales para que "escritores" como Martinez (o Pauls, es lo mismo) alcancen el rango de novelistas nacionales, ganen becas, sean traducidos y, lo peor de todo, conformen el team for export de la literatura argentina actual. Es completamente incomprensible. No lo digo por decir, lo digo con esta novela de Martinez en la mano. 
Ya habiendo leído la conocida "Acerca de Roderer" debería haberme imaginado lo que me esperaba. Pero mi ingenuidad y mi optimismo natos, ayudados por el divertido título de la novela, hicieron que desantendiera el buen consejo de un amigo: "Dejá esa porquería de Martinez y leete algo como la gente". Pero bueno, se ve que cada tanto me gusta comprobar la distancia en que se halla la buena literatura del marketing literario autóctono. 
El texto está protagonizado una vez más, al igual que en la mayoría de este grupo de noveletas nativas, por una suerte de alter ego del escritor. En este caso, el escritor se va a pasar seis meses al sur de USA contratado por una universidad para dar un curso de español. Haciendo gala de una previsibilidad pasmosa, no tarda en aparecer la coprotagonista: una sexy estudiante, entre atrevida e ingenua (con ojos claros, vestiditos cortitos ajustados... casi casi en la cima del cliché, por suerte no tiene parlamentos intelectualoides). Y aquí lo que empiezan son las escenas eróticas en el marco de esta relación clandestina... o debo escribirlo entre comillas? porque se trata de verdaderas escenas cómicas, escritas desde esa posición pretendidamente intrépida que sólo da la verdadera pacatería. 
-¿Acabaste?- le pregunté.
- Por supuesto que acabé- y rió con un resoplido en el aire, como si necesitara refrescarse.  Tenía las mejillas muy rojas y los ojos dilatados. - ¿No se notó acaso?
- Es que ni nos sacamos la ropa- dije, riendo. (pág. 72)
La acción avanza pareja (en eso no se puede decir nada, es inofensiva la escritura de Martinez pero prolijita) hasta el punto del cataclismo, también esperable (y que se intenta cruzar con eventos históricos sucedidos en ese país de una manera un poco infantil). La novela no propone absolutamente nada novedoso o entretenido en cuanto a contenido, ni hablar de la forma. Realmente me pareció un texto absolutamente naif. Si a esto le sumamos los paratextos del libro editado por Planeta (solapas, contratapa, agradecimientos y la foto de Martinez) tenemos un objeto literario de la más pura extracción cómica. Lo cual puede ser un desastre si se propone como "una novela exquisita que crece en tensión e intriga en cada uno de los climas y giros imprevisibles de la trama" (contratapa).
Si le gusta leer buenas novelas, mántengase alejado!



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