"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

29 abril 2014

"Wasabi", Alan Pauls

En lo personal, se trata de la primera novela del autor que logro terminar (aunque debo confesar que hice lectura salteada). No leí suficiente Pauls como para decir qué es lo que no me gusta de su escritura, pero nunca me atrapa y nunca me deja de parecer terriblemente pretencioso.
En el caso de esta novela, estamos frente a una historia completamente desdibujada: el ritmo que tiene no es parejo, el tono que tiene no es parejo, lo contado no tiene uniformidad alguna. Apenas el lenguaje utilizado -una prosa de florituras portar que a veces nos obliga a releer para poder entender lo escrito- sirve de hilo conductor.
Un escritor que está en una de esas residencias para escritores por dos meses (en un puerto del norte francés) se descubre un quiste sebáceo que le empieza a crecer en forma de cuña; en primera persona habla de su editor europeo, de sus ataques de narcolepsia, de su adicción a la pomada antiquistes, de un dramaturgo chino, cuenta que se van con su esposa hasta París, que él piensa en matar a un pintor, que ella se va para Londres, que él se va sumergiendo en una caótica seguidillas de desventuras (golpes, robos, vagabundeo, recuperación) para terminar con una críptica escena alocada final. Todo sucede de una manera vacua, sin que haya correlación entre el lenguaje utilizado -que pretende mostrar un nivel medio de intelectualización, al igual que los contextos y personajes seleccionados- y la llanura de la acción básica. Para decirlo de otro modo, ni la prosa es saeriana ni las andanzas, aireanas. Por este motivo, estamos frente a un pastiche bastante incoherente e intragable.
En mi opinión, la novela parece escrita efectivamente en una de esas residencias de escritores, a las que te invitan con la condición de escribir una obra al término de la estadía. O sea, de compromiso y sin vena.



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