"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

31 enero 2014

"Intimidad", Hanif Kureishi

"Herir a alguien es un acto de involuntaria intimidad" (pág. 8)

Similares a la frase que antecede, en esta novela corta hay muchísimas. Se trata de una narración sobria, relativamente amena, plagada de sentencias reflexivas en torno al matrimonio y la familia.
El protagonista -un escritor cuarentón- se pone al hombro el relato en 1º persona para hacernos recorrer junto a él la última noche que pasará en su hogar, antes de abandonar a su mujer y a sus dos pequeños hijos. Recuerdos de su propia familia, la imagen de una amante especial y las vidas de otros hombres de su generación desfilan ante el lector. El relato no deja de ser un retrato medianamente costumbrista de la generación europea nacida en los '50. De este modo, el amor conyugal, la cotidianidad, el sexo y los hijos constituyen ejes que recorren todo el texto. 
Se trata de un relato signado por un amable desencanto, que avanza a ritmo lento y parejo, sin sorpresas ni tensiones; una más de las tantas novelas que nos ofrece la narrativa actual para hablar de los cimbronazos de los mundos privados en la sociedad contemporánea.
En lo personal, me pareció que por momentos le faltaba aliento y gancho. A su vez, el tema no me pareció en absoluto novedoso. A pesar de esto, destaco el final, un sorpresivo golpe de aire fresco al tema abordado.

Rufino Tamayo


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