"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

15 febrero 2014

"Emaús", Alessandro Baricco


"Corazones pequeños -los alimentamos con grandes ilusiones y al final del proceso caminamos igual que discípulos hacia Emaús, ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos- fiándonos de un Dios que ya no sabe nada sobre sí mismo." (pág. 66)

Se trata de una novela de impronta singular. En lo personal, me resultaron un escollo las primeras páginas del libro (no me refiero al prólogo sino a las páginas siguientes), en las cuales se hace una introducción que me pareció un tanto confusa e incluso, innecesaria. Pero salteadas estas páginas iniciales, la novela adquiere un impulso sostenido, los sucesos se presentan de manera dinámica y plástica.
Está narrada en primera persona (por momentos más y menos sólida) perteneciente a uno de los cuatro adolescentes que protagonizan la historia. De esta manera, tenemos al grupo formado por Bobby, el Santo, Luca y el narrador, buenos chicos católicos que irán haciendo un recorrido trágicamente iniciático. No se puede dejar de citar al contrapunto de este grupo: la desconcertante Andre, una jovencita en torno a la cual gira toda la historia. La novela no indaga profundamente en la psicología de los personajes o del núcleo social descripto, no se hacen demasiadas reflexiones, sino que está armada con mucho de fábula, de pintura a grandes rasgos, con un halo de simbolismo (y es allí en donde la encuentro más encantadora).
Si bien se trata de un texto que establece un diálogo casi poético con lo narrado en los textos bíblicos y con el universo católico, esto no es obstáculo para que aquellos que apenas hemos sido rozados por este imaginario lo podamos disfrutar y sacarle el jugo a nivel literario. Destaco la pulida expresión, cadenciosa, con marcas propias en cuanto a la estética de la narración (como el uso de guiones o la disposición de los diálogos). Otra cosa que aplaudo es la ausencia de lugares comunes y maniqueísmos en torno a la crítica social y religiosa que encara: no hay juicios de valor puestos en juego, sino que se opta por el lado compasivo de la mera observación.
Una novela que atrapa, seduce y, por momentos, conmueve (de un modo que a mí en lo personal hacía mucho que no me sucedía).

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