"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 febrero 2014

"Biografía del hambre", Amelie Nothomb

"Había leído para que me admiraran. Leía y descubría que admiraba. Admirar era una actividad exquisita, eso producía picores en las manos y facilitaba la respiración" (pág. 133)

Albert Anker 

Esta biografía es la de la propia Nothomb, que tan presente suele estar en toda su obra. En este sentido,  en todo su corpus se nos pone frente a un fabuloso ejercicio de creación literaria a partir del nombre propio. Como se sabe, hija de padre belga diplomático, Nothomb ha vivido su infancia de manera itinerante. En esta novela se recogen las impresiones de este periplo desde un punto de vista íntimo, imaginativo, lúdico, humorístico y narcisista, al exacto modo Nothomb. Japón, Pekín, Nueva York, Bangladesh y Birmania son los lugares que se nos presentan (con sus contrastes escalofriantes) a través de la mirada juguetona -aunque a veces también cruda- de una pequeña con características de superdotada. Se desarrolla una suerte de metafísica del hambre como hilo conductor (del superhombre al superhambre), discontinuada y no demasiado explotada para mi gusto. Por momentos (especialmente al inicio) el texto resulta un poco aburrido, como si le costara arrancar.
En esta novela tenemos más de la misma Nothomb que aparece mucho mejor representada en novelas como Metafísica de los tubos y Estupor y temblores. Por estas mismas características, a sus seguidores este texto podría resultarles delicioso o bien todo lo contrario: soslayable (en lo personal, me encuentro dentro de este último grupo).

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