"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 julio 2013

"La belleza del mundo", de Héctor Tizón

"Ser adulto significa saber que uno no tiene madre, que uno yace despierto y solo en la oscuridad de la noche" pág. 67

Se trata de una novela amable y cadenciosa de este autor argentino (en mi caso, la primera que leo de este escritor).
La historia se encuentra situada mayormente en un pueblo, de esos a los que tiene acostumbrados la literatura latinoamericana, con todos los elementos típicos: la desdicha, la desgracia, el amor, el desamor, la maledicencia, pero abordadas de a pinceladas suaves. Dividida en tres capítulos (cada uno, con epígrafes de "La Odisea", un texto con el cual dialoga, a grandes rasgos, la historia contada), en el primero (Antes) se describen las vidas de tres jóvenes: el apicultor, Laura y Venancio. Ya en los dos capítulos siguientes ( Transcurrieron veinte años y Ahora), lo narrado sigue el camino de uno solo de estos tres personajes, ahondando en el tema de la existencia, de Dios, la naturaleza, el transcurrir y los recuerdos.
Contada en un estilo despojado y con ritmo pausado, la novela tiene bastante de sentencioso, algo de borgeano (en cuanto a hablar del destino de un hombre, de todos los hombres) y mucho de la tranquilidad y la paz de los paisajes llanos. 
Recomendada a un lector estándar que quiera conocer a uno de los grandes narradores argentinos.

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