"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

17 junio 2013

"El cielo con las manos", Mempo Giardinelli

Se trata de una novela que todo el tiempo mantiene un tono de obra de iniciación. En ella, un protagonista le habla a un tal Jaime. Lo hace remontándose a su más tierna adolescencia chaqueña y desmontando distintas clases de anécdotas pueblerinas, ancladas mayormente en el sexo y el amor. En el momento de la enunciación, el protagonista es un hombre maduro que vive en el exilio argentino de los '70, en México. Muy (pero muy) de costado este tema recorre la novela sin (en mi humilde opinión) llegar a signarla.
Llena de personajes ruidosos, el gran leit motiv de la novela es la adorada Aurora, una jovencita de 18 años que embelesa al joven protagonista. Y así pasa la novela -hasta volver al presente narrativo y cerrar la anécdota central junto a una previsible moraleja- con un estilo narrativo fresco (aunque  bastante dado a la reflexión), plagado de guiños culturales, picardía y detalles costumbristas.
La cosmovisión que transmite es netamente masculina, erotocéntrica, melancólica, bastante similar a un tango pero con mayor colorido. Algunas partes me hicieron acordar a Dolina y su mística barrial.
Se trata de un libro ameno, especialmente recomendado para señores.

Fernando Toledo

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