"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

09 marzo 2013

"El señor Digweed y el señor Lumb", Eden Phillpotts

Motivada por el interés de reavivar (aunque sea efímeramente) mi relación con la novela policial, fui a la biblioteca pública en busca de algún ejemplar que pudiera causar en mí ese interés casi infantil por lo narrado (¡las páginas finales! ¡qué placer más rotundo y simple!). En cuanto a este tipo de novelas, se puede decir que detesto el policial negro; mi corazón se ha mantenido fiel a la querida Agatha Christie, de la que solía devorar novelitas allá por los 15 años (y nunca pude encontrar alguna novela del género que me gustara de igual manera). Quizás por esa nostalgia adolescente, busqué alguna pista que me dejara más o menos donde quería. 
Elegí este libro porque en la contratapa (que, como siempre, tengo el buen tino de no leer completa) decía que era "un ejemplar puro y exquisito de la novela policial al estilo inglés", y también porque la reedición en cuestión pertenece al célebre Séptimo Círculo, colección cuyos padres son los enormes Borges y Bioy (de hecho, la traducción es de la propia madre de George).
Bueno, me equivoqué. Con pena digo que me equivoqué, porque la novela está bien narrada: es fresca, tiene personajes interesantes (por ejemplo, el rol de la joven Nelly deja bastante bien paradas a las mujeres), y tiene algunos guiños irónicos (pocos, pero los tiene), cierta comicidad. Lo único malo, y también insalvable tratándose de este género, es que antes de promediar el libro... ya se puede adivinar quién es el asesino! Y no es que yo sea demasiado perspicaz, es la novela, que es MUY obvia. La seguí leyendo con el deseo de haberme equivocado, pero no: las cosas son como uno dedujo ahí por la página sesenta y pico.
Mala suerte.
Tendré que seguir buscando el policial que, al fin, corte el hechizo Christie. 

NOTA: por si fuera poco, este es un caso emblemático de "matemos al que escribe la contratapa". O sea, si la hubiera leído completa, adivinaba el enigma a la tercera página. Fatal.

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