"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 marzo 2013

"El día de todas las almas", Cees Nooteboom

Se trata de una imponente novela del pretigioso autor holandés.
La historia es pequeña (a pesar de las 344 páginas): el deambular de Arthur Daane, un director de documentales que hace diez años ha perdido a su mujer e hijo, y que ahora tiene una vida anclada en lo efímero, la intelectualización del mundo, y la aprenhesión del momento (lo que hace a través de una serie de filmaciones que colecciona en función de conformar una obra total).
La novela está situada mayormente en Berlín, por lo cual el texto es una suerte de viaje interpretativo desde lo neerlandés hacia lo alemán, con todo lo que esto implica dado el peso de la Historia reciente de este país.

Gerhard Richter
El texto, que se encuentra muy bien escrito, está plagado de reflexiones interesantísimas sobre la injusticia mundial, la Historia, la percepción de las cosas, la idiosincracia de ambos países citados, el Arte, las relaciones personales, la memoria y muchos temas más.
Daane tiene tres amigos cercanos en Berlín (además de su mejor amiga, Erna): un intelectual, un artista y una científica, con quienes comparte largas veladas y charlas de alta intelectualidad (un poco inverosímiles a veces, como suelen serlo siempre estas puestas en escena de la literatura). En la extensa novela (que sufre una especie de hiato) hay lugar también para la aparición de una joven que logrará sacar del sopor emotivo al protagonista. 
Toda la novela nos hace sentir de plena excursión al corazón de Europa, tanto en lo geográfico (las descripciones son magníficas) como en lo conceptual.
Esta novela me resultó escrituralmente muy atractiva, por más que sus elementos basales -como los escasos núcleos narrativos y la continua reflexión intelectual por parte de narrador y personajes- sean en general suficientes para aburrirme o dejarla de lado por pretensiosa. En mi caso, solo fue posible terminarla porque tomé la modalidad de leerla de a fragmentos, con tiempo. 
Una de sus improntas reflexivas más importantes nos habla de lo inasible del momento presente, de todo aquello que hay construir alrededor para darle a las cosas un espesor a la altura de nuestras expectativas y de nuestra pequeña existencia. Creo que la novela le rinde (¿justa o injustamente?) culto a esta idea, presentando un contundente documento que intenta traducir, nada más y nada menos, que el mundo en el que nos tocó vivir.



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