"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

11 enero 2013

"La hermandad de la uva", John Fante




Excelente obra del legendario autor norteamericano.
La novela se construye con notable dinamismo y está marcada por un tono autobiográfico (que en mi caso no es lo que más me atrae o me importa durante la lectura de una novela). El narrador es una primera persona, perteneciente a Henry Molise, un escritor cincuentón que vuelve a San Elmo, el pequeño pueblo en el que se crió. El foco de la novela está puesto sobre su singular padre, Nick Molise, un vejete que siempre ha sido cascarrabias, borracho, egoísta, desconsiderado, licencioso en extremo... en definitiva (y tal como lo dice el propio narrador) el peor hombre para tener como padre. El contexto es la inmigración italiana en USA durante el siglo pasado, lo cual lo convierte en un testimonio de época contundente.
Considero a esta novela como una original novela de iniciación, por la altura de la vida en la que se encuentra Henry, lo cual no es impedimento para que se enfrente a nuevos retos y revelaciones. La escritura es muy fresca y cinematográfica, con muchos pasajes de gran humorismo (y uno de ellos, su cita con una enfermera, de tono abiertamente absurdo, lo que quizás desentone un poco con el resto de la obra).
El texto está poblado muy vivamente por un coro de personajes coloridos y vigorosos: los hermanos, la madre, los amigos del padre (justamente, los "muchachos" de la hermandad de la uva, no puedo evitar que se me venga a la mente los borrachos de Goya!). A pesar de lo duro del núcleo de la historia, la novela me gustó mucho porque el tono es amable y ameno (un poco al estilo de la picaresca donde los peores actos se dejan leer con una media sonrisa), despojado de tensión y aún de todo juicio de valor. Siento que por eso mismo, extiende un manto de piedad por sobre aquellos padres que, sin saberlo ni sospecharlo, han vuelto poco felices las vidas de sus hijos. Entiendo que esta mirada quizás compasiva de ninguna manera disculpa a este tipo de padres, pero sí es capaz de reconciliar a los hijos con su propia historia, dándoles aire para nuevos comienzos. En este sentido, una buena lección, de esas que da la buena literatura.


La otra mirada


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