"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 junio 2012

"Purga"de Sofi Oksanen

Se trata de una novela sólida y agria, que sin embargo nos envuelve en el vaivén de su narración.
En la Estonia de 1992, una anciana vive sola en una pequeña localidad, inmersa en el apacible universo doméstico de frascos de conservas caseras, huerta, leña y comida que se cocina lentamente al fuego. Pero una mañana, un bulto aparece en el patio. Es una joven que no se sabe de dónde salió y que, evidentemente, necesita ayuda.
A partir de este momento, se comienza a desenrollar la madeja que une las historias de las dos mujeres. La narración alterna entre episodios de la década del 40 (la Estonia Soviética, que pasó también por un período de ocupación alemana) y la actualidad de la narración (los 90). Aparecen, además, algunos fragmentos a modo de diario, intercalados.



El relato resulta interesante por el tramado que expone las relaciones especulares entre el contexto histórico de un pueblo y la historia particular de una familia  (más precisamente, de Aliide Truu,  una mujer que pasó toda su vida enamorada de un hombre imposible). En este sentido, la novela funciona como un acabado artefacto de microhistoria, capaz de cautivar y asombrar en algunos pasajes.
La autora nos pone cara a cara con los protagonistas de los procesos históricos que nos envuelven como sociedad. Con un estilo sobrio, moderado, somos testigos directos de actos aberrantes que pueden realizar los seres humanos (sin importar la orientación ideológica o las épocas). El rol de la mujer como sujeto de abuso y también de resistencia es finamente dibujado y se lleva el protagonismo en esta naracción (al modo, quizás, de algunas narraciones de Doris Lessing). Las botas del opresor y el calor de una cocina, de un plato de comida... una tremenda antítesis que sintetiza bien el espíritu del libro. 
Es una novela dura, durísima, que deja el sabor amargo de la impotencia frente a hechos en los que mucha gente no quisiera pensar cada día. Por este motivo, una novela inevitable, una purga necesaria.

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