"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

18 enero 2012

"El origen de la tristeza", de Pablo Ramos

HIPPOLYTE FLANDRIN, "Joven desnudo frente al mar"

Llegué de costado a esta novela de Ramos porque anteayer dejé tirada sobre la cama "Historia del pelo" de Alan Pauls. No pude pasar de la página 45. Me pareció un texto pretencioso y muy mal escrito. Por eso (y por no quedarme con la sola impresión mía), me puse a buscar distintas miradas sobre el texto del mimado Alan. Fue así como me topé con una muy cómica entrevista al célebre Fogwill (que tampoco nunca fue santo de mi devoción; ver acá). En esa entrevista, Fogwill dice que Pablo Ramos es "de lo mejorcito de acá". Y entonces fui y lo busqué en la biblioteca municipal. Bueno, indudablemente, se ve que no empecé por lo mejor del escritor.
El texto comenzó bien. Por empezar, no tiene nada que ver con el estilo de las novelas de Pauls, Martinez y otros, en las que se filtra todo el tiempo una imagen de autor (snob) que deja a los personajes y a la historia de a pie, regodéandose en alusiones culturosas y en reflexiones cotidianas que intentan pasar por interesantes (tal como las que escuchamos en boca de los estudiantes universiatrios de Humanidades). Esta novela, en cambio, comienza con frescura, bien narrada y con un par de líneas que arrancan sonrisas. Sin embargo, creo que el texto en su globalidad va perdiendo fuerza. La novela está estructurada en tres capítulos autónomos, demasiado autónomos (al estilo de "El juguete rabioso"). Se trata de una novela de iniciación con un protagonista (en 1º persona) bastante simpático y un coro de personajes secundarios más y menos interesantes. A su favor, podemos decir que tiene diálogos bien construídos y creíbles, al igual que la mayoría de las situaciones narradas (por lo menos, en líneas generales).
Sin embargo, algo que me resultó curioso es que la edad del protagonista no tenga coherencia ninguna con los episodios que vive (casi todo el texto, uno piensa que el Gavilán tiene 15 años como mínimo, y en el último capítulo dice que está... en 7º grado!, ah, además el chico vomita mucho).
Tiene momentos atractivos, pero como conjunto no me cierra, no llegó a atraparme, me pareció muy básica (la leí a salto limpio). Quizás, si tuviera un sobrino de unos 13 años se la regalaría. O, si se pudieran dar en el colegio textos que incluyeran las palabras "paja" y "tetas", también la recomendaría a los profes.  A mil años de ser "lo mejorcito de acá", no ofrece mucho más.

4 comentarios:

Sarah dijo...

Por mi trabajo leí todo lo que fue publicando y me parece pésimo escritor. Un invento "Heker$Alfaguara".

Anónimo dijo...

La verdad, una pérdida de tiempo leer esta crítica. Se nota que la snob es la lectora/crítica, quien no es capaz de valorar en su extensión a Pauls, Fogwill y Ramos. Sinceramente, asqueado.

Anónimo dijo...

A mí me pareció una muy buena novela. Al margen del mercado editorial, creo que Ramos es un escritor que vale la pena descubrir. Además, a pesar de que en la novela aparezcan palabras como "paja" y "tetas", resulta una obra muy propicia para trabajar en el aula, proyectándola con nuestra dura historia reciente que fueron los 90. Al parecer el comentarista es un puritano. Otra cuestión; nada más anacrónico comparar al Juguete rabioso con El origen de la tristeza. Cualquier trasgo tiene un blog y se la da de crítico literario.

Anónimo dijo...

El que no escribe, critica.