"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

08 enero 2012

"Cosmética del enemigo", de Nothomb

 No puedo dejar de lado la expectativa positiva que me embarga cada vez que voy a emprender la lectura de Nothomb. Porque hasta ahora, todas las novelas de ella me parecieron muy divertidas, muy amenas y sumamente diferentes entre sí. Empiezo a ver que frente a un libro de esta autora no puedo no pensar: "Vamos a ver con qué va a salir ahora Amelie".
En este caso, la acción se sitúa en un aeropuerto. Allí, un hombre de negocios se dispone a leer mientras sufre el retraso de su vuelo. Pero un extraño personaje, que dice llamarse Textor Texel y ser holandés, le impone su necia conversación, sin posibilidad de escape.
Hay momentos en que, por empatía con la víctima de este sujeto misterioso, se puede sentir una suerte de asfixia, de impotencia. Por otros, Nothomb juega arriesgadamente con lo políticamente incorrecto, para llevarnos luego hacia una gran sorpresa; todo esto sin aburrirnos ni un segundo, y manteniéndonos con una semi sonrisa expectante.
Sin duda, el tema central que aborda el texto (y que me guardo, para no pecar de aguafiestas) es de lo más profundo. Por eso se agradece este tratamiento ágil, ameno y de acabado efecto literario.
Tiene varias versiones teatrales, lo que no es de asombrar, ya que el germen de este género atraviesa este extenso y contundente diálogo que es la obra.

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