"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

09 diciembre 2011

"Alexis o el tratado del inútil combate", Marguerite Yourcenar

Escrita en 1927, esta novela corta es una extensa carta de Alexis a su (ex) esposa Mónica.
El núcleo de esta carta es contundente: la preferencia homosexual del protagonista, de la que nunca se habla de manera explícita, pero en torno a la cual giran todos los demás temas de la obra: la culpa, la soledad y las relaciones con los otros.


Textualmente, estamos más bien ante un extenso soliloquio que hace las veces de autobiografía o racconto. Advierto un exceso en el tono sentencioso y un estancamiento muy notorio de la historia, quizás debido a un estilo narrativo que más que reflexivo resulta redundante. En este sentido, y por más que la obra tenga un desarrollo psicologista, la veo anclada en un sentimentalismo meláncolico más propio de la narrativa del siglo XIX.
A mí este texto me aburrió mucho, se me hizo muy pesada su lectura. Y si bien es destacable el abordaje de esta temática en la década del '20, no hay que olvidar obras como "Confusión de sentimientos" de Zweig que, escrita un año antes, resulta muchísimo más valiente, directa y movilizadora.

3 comentarios:

Heroínas Díscolas dijo...

A mí no meresultó aburrida en absoluto. Me pareció sutil, triste y delicada.

Lilian B. dijo...

Sí, otros comentarios críticos que leí van más para ese lado. Viste que en literatura todo es cuetión de gustos...

Anónimo dijo...

El lenguaje es sencillamente delicioso. Juega con las palabras para crear imágenes y situaciones y decir sin decir. Un ejemplo de sutileza, buen gusto, dominio del lenguaje y profundidad. Me encantó.