"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

18 octubre 2011

"Las partículas elementales", Houellebecq


Se trata de una novela fácil de leer y muy dura en cuanto al mensaje desencantado que transmite.
Bruno (profesor de Literatura) y Michel (investigador en Biología molecular) son dos hermanastros cuarentones, parecidos y diferentes en su forma de vivir (mejor dicho, su forma de dejar que la vida pase por sobre ellos). A través de la manera en que cada uno se conecta con la sexualidad expresan un vacío incomensurable. Las historias son paralelas y paralelo también el contenido de las mismas. Los temas (que caracterizan la producción del autor) son el sexo, la violencia, el amor, las relaciones humanas en la actualidad, sin dejar de lado en este caso la proyección hacia el futuro.
Narrativamente, la novela presenta algunos puntos que no me convencieron: demasiado vaivén entre las historias de los hermanastros protagonistas, que al fin y al cabo no difieren en mucho; se advierte, en este sentido, una duplicación innecesaria del estereotipo presentado. Además de un lenguaje directo y sin matices, la manera en que se articula la voz narradora que lleva adelante estas historias está bastante desorganizada, y la secuenciación de los capítulos es poco menos que caprichosa. Creo que estamos frente a un entrevero en la perspectiva de focalización narrativa. De este modo, es posible encontrarnos con racontos que no se encuentran creíblemente insertados en la historia. El ejemplo más claro: un extenso monológo en el que Bruno le cuenta a Michel hechos que es dable suponer que éste ya conocía, y que se continúa en el siguiente capítulo en otro monólogo frente a la mujer con la que empieza a salir; todo esto, una artimaña discursiva básica en la que es demasiado obvio (incluso por datos concretos de lo contado) que el verdadero interlocutor es el lector. Lo mismo sucede cuando los personajes “filosofan”, nunca resulta demasiado creíble el contexto y se filtra demasiado la imagen de autor. Por si fuera poco, las descripciones pertenecientes al registro científico (una suerte de singularización muy bien explotada en algunas novelas contemporáneas) se encuentran desperdigadas (en cantidad y frecuencia) sin ton ni son, incluso insertadas en la perspectiva de personajes diferentes. En este sentido, los personajes se presentan como figuras prototípicas, meros actantes que vehiculizan el discurrir teórico del autor.


Si no hubiera leído anteriormente Plataforma, esta novela me habría resultado levemente confusa, sin la fuerza y contundencia que se requiere para expresar la interesantísima tesis sostenida y que llevara al autor a la polémica y la fama inmediatas. Ya habiendo pasado por esa otra lectura, fue inevitable que Las partículas elementales se me presentara como un borrador, como un ensayo de esta obra posterior. De hecho, la similitud en los personajes y acciones es francamente asombrosa, por no decir plagiaria. Todo lo que aparece suelto y disperso en Las partículas… se encuentra retomado, encauzado y explotado en Plataforma, que se trata de un texto mucho más orgánico y pulido para expresar una crítica análoga. Lo que advierto con claridad en esta novela es que al autor lo ha pasado por encima su propia tesis, aplastando la identidad de cualquiera de los otros elementos narrativos. El epílogo propone una interesante estrategia narrativa que, confusa, no se encuentra lo debidamente explotada.
Una novela muy interesante en cuanto a su temática, pero que me pareció un tanto carente de organicidad y oficio literario.

2 comentarios:

pseudópodo dijo...

Buena crítica, mucho más centrada en lo literario que la mía. Yo leí Plataforma después de "Las partículas" y no aprecié que fuera mejor, pero seguramente fue porque la leí en francés... y yo no sé francés :-)

Lilian B. dijo...

qué capo