"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

15 septiembre 2011

"Un hombre en la oscuridad", de Paul Auster

Ejercicio literario en su más amplio sentido. Porque los hilos y venas de la ficción se tensan para hacer emerger el lado más triste de la experiencia humana. Porque la narración deja al desnudo profundas reflexiones sobre la existencia sin perder la frescura y el buen ritmo de la anécdota. Porque es un libro con muchas historias (algo que siempre se agradece, esa capacidad de volver a la narración más primitiva, sin estridencias, sin devaneos intelectuales innecesarios). Porque es entretenida. Porque expone algunas estrategias discursivas que asombran, pero no abusa de eso. En definitiva, cumple cien por ciento con lo que le pido a una novela: cuenta historias, propone juegos estéticos, no es pretenciosa, entretiene y, pasando por el horror y la esperanza, te hace reflexionar.
El texto está escrito en 1º persona, perteneciente a un tipo de personaje que no es muy usual en la literatura actual: un abuelo, August Brill. Este septuagenario se ha quebrado una pierna en un accidente automovilístico y se recupera en la casa de su hija divorciada, donde también está viviendo su nieta Katya, luego de una profunda pérdida.
Ambos, abuelo y nieta, tienen problemas para dormir.
En sus largas noches de insomnio, Brill (que siempre ha sido crítico literario) se entretiene inventando historias. De esta manera, entramos en una increíble construcción ficcional que se va intercalando con la historia central. Un juego literario de cajas chinas que ocupa buena parte del libro1, pero que luego se cierra y deja paso al registro familiar (a través de un largo diálogo retrospectivo entre abuelo y nieta).
El amor, el pasado, las crueldades de la guerra, el destino y la construcción de la ficción son algunas de las aristas que sobresalen en la trama.




1. A diferencia de la contratapa de la edición de Anagrama, que nos cuenta de principio a fin la historia de la novela, sólo diré que la historia enmarcada propone una fábula de mundos paralelos, guerra civil y algo de policial negro, muy cinematográfico.

La otra crítica

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