"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 septiembre 2011

"Plataforma", de Houellebecq

Una novela sobre la que se podría hablar largo y tendido. No solamente por el texto en sí, sino por la polémica recepción que ha tenido y que ya se convirtió en una marca de agua que precede su lectura.
Tengo que decir que me sorprendió el estilo narrativo: sobrio, medido, equilibrado. Y su nivel reflexivo sobre aspectos de la sociedad contemporánea no puede escandalizar al lector acostumbrado a la problematización de la existencia.
El texto está narrado en una singular 1º persona perteneciente a un solitario cuarentón francés de clase acomodada, anodino, apático, mediocre. Singular porque por momentos, al hablar de otros personajes, adopta formas de lo omnisciente. Singular también porque, en mi opinión, las profundas reflexiones intelectuales que expone el narrador no se corresponden completamente con el perfil de este hombre común.
La novela relata pormenorizadamente un viaje a Tailandia, el regreso a París, un viaje a Cuba, otro a Egipto y una última estancia en Tailandia. Relata la manera en que cambia la vida de este hombre al conocer a Valerie y a Jean-Yves (ambos, insertos exitosamente en el mundo del turismo de alta gama). Es una suerte de viaje iniciático, pero que presenta un marcado final.
En la extensa obra se habla mucho sobre el negocio del turismo en países del tercer mundo, sobre el sexo (para mi gusto, hay demasiadas escenas eróticas), sobre la violencia, sobre la falta de amor... todos estos aspectos se unen bajo una interesante y sólida tesis sobre el turismo sexual y la relación entre hombres y mujeres en el mundo contemporáneo.


Esta novela fue acusada de racista (expresa un certero ataque al islamismo) y misógina. Sin embargo, la presentación de la tesis central está muy lejos de la apología, más bien todo lo contrario (de tono condenatorio, el final logra impactar). Todo el tiempo, el narrador hace gala de un nivel reflexivo muy profundo, con algunas citas de autoridad que no caen nunca en el intelectualismo. Situada al comienzo de los 2000, es una novela narrada con paciencia y prolijidad que logra hacer pensar quiénes somos y cómo vivimos en el mundo de hoy, dejando el cruel interrogante de hacia dónde vamos.
Creo que para el público medio puede llegar a ser una novela provocativa y en cierto modo, reveladora; sucede que hay muchas cosas sobre las que es mejor no pensar, mejor no nombrarlas. Houellebecq, a paso firme y sin estridencias, hace precisamente todo lo contrario y es eso lo que le ha valido su fama de iconoclasta.

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