"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

14 julio 2011

"Nombre de guerra", Claudio Zeiger

Se trata de la primera novela de este narrador argentino, editada en 1999.
La novela es relativamente corta, se lee de un tirón. Está escrita prolija y sobriamente en tercera omnisciente con una perspectiva que casi siempre hace foco en el protagonista (y a veces incurre en el indirecto libre): Andrés, un jovencito, común y corriente, de aprox. 18 años que vive con su madre y hermano en Avellaneda. Junto a su amigo Pablo, viven experiencias como taxi boys de poca monta, hasta que un hecho inesperado les complica la existencia. La novela se desarrolla en los días posteriores, cuando Andrés (cuyo "nombre de guerra" es Gabriel,) comienza un derrotero por Buenos Aires que lo hace poner en contacto con variados personajes "de la noche".
La novela me gustó mucho porque está escrita sin la menor pretensión. No hay reflexiones pseudointelectuales ni diálogos rimbombantes ni ese tonito apologético de las novelas del estilo, los personajes son creíbles y la historia no se desmadra. Si bien pude encontrar algunos detalles expresivos para corregir en las primeras páginas, el resto de la novela se desarrolla con un tono sobrio y coherente, narrada con fluidez. En cuanto a la historia contada, hay que destacar la muñeca de Zeiger para salir indemne de la inmersión en el ambiente gay, lumpen y noctámbulo, y aún de las pocas escenas sexuales presentadas (lo cual no es para nada fácil y ha hecho a muchos escritores de la generación del autor morder el polvo de lo cursi). Por el contrario, la naturalidad y simpleza de los hechos contados nos acerca a la historia, a los personajes, y le otorga solidez y realismo a un interesante recorte urbano: el de los jóvenes de los noventa que deambulan indolentes, y a la vez indefensos, por una ciudad hostil.
Muy bien Zeiger, un autor que, en mi opinión, no está lo suficientemente valorado en el ámbito de la narrativa argentina actual.

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