"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

05 junio 2011

"Travesuras de la niña mala", Vargas Llosa

"Dama del azul", Héctor Acevedo

Una novela de estructura lineal y vocabulario sencillo, de 370 páginas, que empieza muy bien (colorida y ágil), en el Perú de los años 50.
El texto está narrado en 1º persona, perteneciente al "niño bueno," Ricardo, un chico de clase acomodada cuya única meta en la vida es morar para siempre en la ciudad Luz. Se trata de una suerte de biografía (abarca unos 40 años de vida del personaje) filtrada por la presencia intermitente del gran amor de su vida: una peruana fría, calculadora, inescrupulosa, mujer de mil rostros y otros tantos amantes. Lo que intenta engrosar el volumen de esta novela es el color local que se imprime a través de la descripción de situaciones históricas (siempre abordadas muy de costado) y de escenarios bien demarcados y reconocibles: los barrios bohemios de París en los 60, Londres en los 70, Madrid en los 80 y aún (por si le faltaran millas cool de recorrido) Tokio. Todo esto, a modo de city tour súperfrívolo, por la avalancha de clichés en los ambientes transitados por los personajes: lo que comen, miran o escuchan (por ejemplo, la descripción de la Londres hippie es tan ingenua que resulta risible). Esta suerte de tour (del que entran y salen personajes secundarios) parece ser el verdadero motor de la obra, ya que los roles de los protagonistas (uno con su amor incondicional y la otra con su calculada y asumida ambición) presentan una rigidez absoluta. Lo que supone decir que, encima de tratarse de roles simplísimos, prototípicos y poco creíbles, se mantienen hasta la última página sin variación ni profundidad.
En términos generales, puedo decir que no me fue posible despejar la clave de lectura en la que se debe leer la novela: ¿se trata de una parodia del amor o semejante trama desquiciada pretende pasar por realista? ¿la relación entre los personajes es una excusa para mostrar distintos sitios y contextos? ¿hay que tomar las múltiples personalidades de la niña mala como un juego literario de máscaras o como una suma de inverosimilitudes garrafales? la actitud del personaje de Ricardo, me tiene que hacer reír? El problema es que el texto no resuelve estos interrogantes de manera alguna, y está ahí lo que advierto como la gran falla de la obra.
En consecuencia, los años pasan, los personajes viajan, pero el pobre lector que espera alguna sorpresa intelectual o estética, se queda siempre en el mismo lugar. Una novela que, repitiéndose a sí misma todo el tiempo, no me aportó absolutamente nada.

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