"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

29 mayo 2011

"Hermosos perdedores", Leonard Cohen

 Se trata de la segunda novela de este gran artista, un juego literario de principio a fin, escrita en 1966.
La novela (heredera de la estética beat) es una suerte de gran collage profano donde hay lugar para muchas cosas: diálogos de tono absurdo, escenas casi surreales, parrafadas poéticas, poemas en forma de plegaria, extensas cartas póstumas, monólogos interiores, volantes publicitarios y mucho más. Estrategias todas éstas enlazadas por un ruidoso erotismo posmoderno y una veta humorística, ese humor ácido que rodea a los "perdedores", los que se encuentran al margen de la "normalidad". El personaje principal está obsesionado con la beata de la etnia mohawk, Catherine Tekakwhita. Cuando comienza el libro, este narrador se encuentra visitado por imágenes, palabras y resonancias de otros dos personajes centrales en la trama, recientemente fallecidos: su esposa Edith (una jovencita perteneciente también a una etnia) y su gran "amigo", el brillante y disparatado F. Entre ellos se teje el esperado triángulo, que toma aquí formas absurdas y tragicómicas y se desenvuelve a la par de una suerte de hagiografía de Tekakwhita (de ribetes muy crudos).
Si Ud. espera que se le cuente una historia, más allá de la vida de la beata, no la va a encontrar en las 250 páginas que tiene el libro. Sí encontramos párrafos iluminados (fuera de toda previsibilidad, con una magnífica capacidad para reflejar problemáticas existenciales a partir de elementos eróticos, extravagantes o cotidianos) y líneas de una acabada poesía (que en Cohen suele coquetear con lo místico). En muchas partes me trajo a la mente al novelista Chuck Palahniuk. Excelente la traducción de Laura Wittner para la edición de Edhasa, capaz de vehiculizar toda esta fuerza expresiva.
Aviso que puede resultar aburrida para el que busca una narración consistente, tal como me pasó a mí, que valoro a este texto más como experiencia lúdica que como "novela".

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