"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

21 mayo 2011

"El vicecónsul", de Marguerite Duras

Una interesante novela corta que puede llegar a resultar muy dura, más por lo que evoca o simboliza que por lo que dice o cómo lo dice.
La novela comienza con el periplo de una aldeana adolescente que, al quedar embarazada, es echada de casa por su madre. Ella se va caminando desde Cambodia hasta Calcuta. De una manera profundamente desgarradora y poética (con oraciones cortas, el acierto del uso de la repetición y un marcado tono de atemporalidad), somos testigos de esta brutal caminata signada por el hambre y la soledad. Esta historia, tal como se señala en la primera línea, es una historia enmarcada, una narración llevada adelante por el inglés Peter Morgan. La trama se instala luego en este otro nivel narrativo, con algunas breves alusiones a la mendiga. Se cuentan unos días en la vida de la diplomacia francesa en Calcuta (donde ya Morgan pasa a tener un rol satelital). La historia hace foco en el vicencónsul, un joven enigmático que ha llevado a cabo un acto innombrable en Lahore y que ahora en Calcuta espera su próximo destino o acaso su destitución. Es una figura que genera rechazo en los que lo rodean, a la vez que una profunda curiosidad por su pasado y por el hecho protagonizado. Anne-Marie Stretter, la esposa del embajador francés, surge como símbolo del desencanto y vacuidad de la diplomacia extranjera en un lugar adverso y extraño en el que no tienen literalmente nada que hacer. Charles Rossett, uno de los amigos-amantes de Stretter, representa el ojo testigo de todo este montaje patético (y hasta amoral) que es la opulenta vida colonialista, debido al contraste que supone con el hambre, la enfermedad (lepra) y el dolor de "los otros" que se erige más allá de las rejas de las mansiones.
El texto está desarrollado de manera muy despojada, con buena cantidad de diálogos de tono bastante críptico en muchas ocasiones, coqueteando con lo inasible y remitiéndonos a una interpretación teatral.
Una novela de superficie elegante y pulida en la cual resuenan decenas de ecos, muchos más de los que podríamos abordar aquí (la memoria, el pasado, el otro, la soledad, etc.) que, como llagas salvajes, son capaces de hacernos entristecer una vez más por esa extraña raza denominada "Humanidad".

LINKS RECOMENDADOS
 
Entrevista a la autora, en la que se duplica la estética de la novela

Trabajo crítico muy interesante sobre la obra

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy terminé la novela y he quedado vacía.

Después de tantos días en los me nutría de mil imágenes y sensaciones inasibles pero magnéticas...

Maravillosa novela!