"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

15 mayo 2011

"Dos hermanos", Milton Hatoum


Una novela de unas 285 páginas, donde resuena la cadencia del portugués, bañada de una sutil sensualidad y llena de pequeños detalles de color local.
Se trata de la historia de una familia de inmigrantes libaneses en Manaos, desde antes de la Segunda Guerra hasta los setenta. El linaje familiar se desarrolla al mismo tiempo que la ciudad y los sucesos históricos. Un narrador testigo (que, en su más amplio sentido, tardará en identificarse, y que nunca perderá del todo su tangencialidad) nos relata la historia del matrimonio de Halim y Zana; la familia se completa con la infaltable criada de confianza (Domingas) y los tres hijos: los gemelos Yaqub y Omar (el Menor o el Pelundinho) y Rania. El centro de la historia es la conflictiva relación entre los dos hermanos, generada en la manera poco feliz en que los padres han delineado los roles familiares. Amores desmesurados, caprichosos. Pasiones reprimidas y pasiones desenfrenadas. Errores que tarde o temprano deberían pagarse. Todo el relato está llevado adelante por esa voz sobre la que deseamos conocer más y que no abandona en todo el texto un marcado tono de racconto.
La novela tiene el aroma de los mejores textos del Boom: García Márquez, Vargas Llosa y por supuesto, Amado (por nombrar algunos). Aquí y allá, pequeños detalles coloridos, rotundas muestras de injusticia social, un poco de crudeza, hipocresías de clase, anécdotas de feria, una ciudad que se metamorfosea a la par de lo narrado, el sabor de la naturaleza, los gestos del amor, la fuerza del lenguaje. A pesar de esta maravillosa filiación, creo que hay algunas cosas que marcar. En mi opinión, el relato tiene muchas páginas de más. A unas largas cien páginas del final, ya está demasiado claro quién es quién en la novela, sus perfiles psicológicos, sus "modus operandi"... Sentimos que ya lo sabemos todo sobre los personajes, que lo narrado es más de lo mismo. Las desventuras familiares se han extendido demasiado como para seguir conservando el mismo tenor, el mismo signo que se nos mostró de una manera tan clara (diría incluso obvia) a lo largo del relato. Encima, los hechos de la última parte se suceden con demasiada precipitación y el final se nos viene encima.
A pesar de todo, se trata de una novela agradable, entretenida y muy latinoamericana, bañada de un pintoresquismo que no oculta las grandes miserias y los profundos errores propios de los seres humanos.

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