"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

23 febrero 2011

Sí (Thomas Bernhard)

Se trata de una novela breve, un texto a caballo entre el monólogo interior y el cuaderno de apuntes en el que un hombre relata una historia mínima: el estado letárgico de su vida (lo que él llama su enfermedad intelectual) hasta el momento en que conoce a una pareja (los Suizos: el Suizo y la Persa). Situada en una poco amigable comarca austríaca, el libro expone las impresiones del protagonista acerca de sí mismo, de su relación con el corredor inmobiliario Moritz y con la Persa, personaje que adquiere una importancia central en la obra. De hecho, la voz que lleva adelante el relato se corre de sí para erigirse como testigo de la tragedia personal de la mujer.
En cuanto a la escritura, y dado que es el aspecto que marca su singularidad, nos enfrentamos al problema de la traducción, lo que impide una valoración acertada.
En cuanto a lo que puede percibirse (lo que tristemente nos queda después de su traducción), el texto se caracteriza por la ruptura sintáctica. Se trata de una escritura ríspida que dificulta la comprensión de lo narrado. Supuestamente, esto se explica en el hecho de que se emula un discurso interior, mental... sin embargo, el recurso de suspender referencias gramaticales todo el tiempo (repitiendo innecesariamente los sustantivos) tiene un efecto de lectura que nos aparta del fluir de la conciencia. Porque, puestos a analizar la escritura en detalle, ese famoso quiebre discursivo en se basa en este procedimiento repetitivo, en la redundancia y en nada más. De este modo, la escritura se vuelve artificiosa, como si se estuviera complejizando porque sí y no como resultado de la estructura textual o argumental.
Si a esto le sumamos la recurrencia de la (pobre) tesis central y lo ínfimo y simple de la historia narrada, tenemos un texto que tiende a expulsar al lector medio y también a aquel más entrenado pero que se encuentra en búsqueda de algún tipo de emoción o descubrimiento.
Por si fuera poco, la estructura narrativa global de la novelita resulta desequilibrada ya que en las páginas finales se acelera el ritmo de la anécdota de manera muy notoria, apurando el desenlace.
Tuve que luchar para no dejarla a la mitad. Me aburrió y disgustó como todo texto en el que percibo una supuesta profundidad, una gran frialdad y un anhelo pretencioso (avalado encima por la crítica).
Personalmente, no la recomiendo para nada. Pasa que no me gusta que me den gato por liebre.


Una de las tantas críticas elogiosas






1 comentario:

tobias chavez dijo...

Excelente novela, en donde se refleja la influencia nefasta en la salud del personaje ejercida por las horrorosas circunstancias polìticas de su pais y de toda Europa