"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

28 febrero 2011

Confusión de sentimientos (Stefan Zweig)

A mí me gusta mucho Zweig. Partiendo de ahí, tengo que decir que esta novela completó ampliamente mis expectativas. Todas las novelas que leí de este autor me han resultado sumamente llevaderas, enlazándome en una suerte de discurrir que me mantiene en vilo. En el caso de este texto, mucho más: hay un notorio in crescendo del discurso que se encuentra atravesado por un hondo romanticismo (en el sentido estricto del término, se entiende).
A modo de notas autobiográficas, un eximio docente universitario relata una historia oculta de juventud que lo marcó para siempre. Nos hallamos en el inicio de sus estudios universitarios, cuando luego de algunos conflictos, en un pueblo pequeño de Alemania, conoce a un particular profesor de lengua inglesa, por cuya manera de ser se siente inmediatamente atraido. Toda la novela se articula en torno de este hombre y se desarrolla en los meses que transcurren desde que se conocen. El triángulo formado por profesor, esposa y alumno se va espiralando, logrando atrapar al lector. De ninguna manera esta novela publicada en 1926 puede escandalizar al lector actual con sus ribetes de latente homosexualidad, sin embargo es precisamente el momento histórico de producción lo que nos atrae y nos hace pensar hasta dónde es capaz de llegar el autor.
Narrativamente, la novela está escrita en una primera persona que tiene la característica de mimetizarse con la voz del profesor en los momentos en que éste habla apasionadamente sobre el teatro isabelino y sobre Shakespeare.
Se trata de una novela escrita venal y grandilocuentemente, plagada también (como en todo texto del autor) de pequeños gestos que humanizan a los personajes y nos hablan de la complejidad de las almas. Entiendo que a muchos puede disgustar este estilo y sonar anticuado; no lo creo así en el caso de Zweig, que siempre me ha deparado gratos momentos de lectura.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

AYER LA LEÍ. TREMENDA NOVELA, HASTA AHORA TENGO LA SENSACIÓN DE LA TRAMA..
AARÓN.

Unknown dijo...

Y TAMBIÉN ME GUSTA MUCHO STEFAN.
AARÓN.