"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

12 septiembre 2010

"Pasos", de Jerzy Kosinski

En este texto, el autor de la famosa novela Desde el jardín propone una experiencia de lectura completamente diferente. Ganadora del "American National Book Award" de 1968, Pasos constituye una obra (a la que no cabe exactamente la denominación de novela) formada por retazos autónomos que se tocan subliminalmente entre sí. Se trata de fragmentos breves escritos en primera persona, a modo de anecdotario de la crueldad, tras los cuales se ha pretendido ver un sesgo autobiográfico. Sin embargo, creo que es claro que más allá de la ubicación temporo-espacial coincidente con la biografía de Kosinski (en la primera parte del libro, el campo polaco durante la Segunda Guerra; luego, el régimen comunista y finalmente, los barrios marginales de una urbe norteamericana desde el punto de vista de un exiliado) los hechos reseñados en la novela operan de manera independiente unos de otros, a tal punto que sería un grave error ceñir la narración global a un solo personaje. También se incluyen en cursiva algunos diálogos de intimidad conyugal que parecen empezados in media res.
En Pasos nos encontramos con narraciones sumamente perturbadoras, tanto en lo que se dice como en el nivel de lo latente (al mejor modo de las novelas de Robbe Grillet donde lo perturbador funciona por resonancia, por evocación). Las historias narradas (de manera lineal y simple, sin moralina y con una claridad contundente) entran y salen de temas como el sexo, la violencia, la marginalidad. El uso de la primera persona acrecienta la cercanía con los episodios narrados, la mayoría de los cuales circula en torno de lo morboso. Sin embargo, el poner en escena esta clase de sucesos no convierte a la novela en un texto que se regodea en lo perverso, sino que se trata de una experiencia de escritura que posibilita un profundo cuestionamiento sobre el individuo y las relaciones humanas que se establecen bajo ciertas circunstancias extremas como la guerra, el totalitarismo o la necesidad de supervivencia.

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