"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

07 julio 2010

“Cuentas pendientes”... con la literatura (Martín Kohan)

Giménez es un jubilado que se va arrastrando por la vida de manera cansina y nosotros como espectadores asistimos a este derrotero cotidiano.
-->Elvira (la ex mujer que vive en el edificio con su centenaria madre), su hija Inés, el Dueño (al que le debe cuatro meses de alquiler), el portero y el particular personaje de Vilanova son los personajes que orbitan en torno al desvencijado anciano al que todo parece salirle mal. --> La --> idea es que la cotidianeidad se le vaya mostrando irremisiblemente adversa y con esta estrategia acumulativa causar cierta gracia humorística, generar una sensación de impotencia en el lector. Pero la novela está muy lejos de causar esto. Primero y principal, nos enfrentamos al escollo de la escritura: una narrativa mediocre con variados vicios de principiante (como la redundancia o la obviedad). Segundo: el deficiente uso del estilo indirecto libre. Aparentemente, el autor ha intentado plasmar la perspectiva del “idiota útil”, del cómplice de todo fascismo (nuevamente se hace referencia en esta novela a la Dictadura); sin embargo, en este caso, la estrategia de ningún modo está llevada al límite, presentándose incluso como confusa: qué pretende que sintamos hacia Giménez? pena? risa? compasión? asco? ¿Hay una perspectiva de justificación o condena hacia el personaje? Que no podamos encontrar un tono de lectura o establecer una clara relación con el personaje protagonista habla de falla y no de complejidad. Mucho más confundido queda uno al poner en diálogo paratextual a la novela y entrevistas realizadas al autor, operatoria innecesaria quizás en el proceso lector, pero que en este caso nos confirma en la idea de ineficacia literaria absoluta.

Cito:

Periodista: A diferencia de aquellos relatos del horror sin comicidad posible, regresás ahora a un registro narrativo humorístico. Y la risa que mueve este retrato de una vida desgraciada ¿no es, parafraseando a Bajtín, esa risa amarga de la modernidad?
Kohan: Sí. Ya desde comienzo de la novela, hay un narrador ensañado con un personaje digno de compasión, y ese ensañamiento, esa falta absoluta de piedad, tiene en un plano un efecto de comicidad, pero en otro supone una cosa un poco amarga.
(VER completa en: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0448/articulo.php?art=20175&ed=0448)

Palabras falaces. No encontré "ensañamiento": hechos banales como que se te rompan unos huevos sobre el pijama o hechos autoinflingidos como que te persiga el locador a raíz de no pagar el alquiler por jugarle a los caballos no lo es… tampoco están presentados estos sucesos en forma de in crecendo como para apoyar la idea de inquina progresiva. Por otra parte, no hay nada digno de compasión en el personaje principal (un personaje bastante poco desmenuzado además, figurita sin ninguna profundidad), menos aún teniendo en cuenta lo del rol de "idiota útil".
La entrevista ésta, en la que se ensalza al escritor, no tiene desperdicio en cuanto a sandeces expresadas que nada tienen que ver con la obra a las que nos enfrentamos. Con lo cual se viene a demostrar no sólo que Kohan tiene problemas como escritor y como lector de su propia obra, sino también la fantochada del mercado editorial, el chupamedismo mediático y la elevación al rango de escritor nacional de cualquier afortunado mediocre.

Hacia el final del libro, el autor intenta una maniobra narrativa que hubiera podido resultar interesante (de hecho, hay unas páginas que resultan prometedoras). Sin embargo, avanzando en la lectura, somos una vez más decepcionados y volvemos a preguntarnos por el efecto de lectura de semejante riesgo narrativo. Personalmente, le di vueltas, pero me fue imposible acceder a alguna clase de nivel más elevado de reflexión literaria, metatextual o del tipo que sea (más allá de las promesas de contratapa que habla de la opción de “la imaginación como condena y como agobio, la de la literatura como reducto, ella misma, de una última desesperación”, ¿?, increíble el género contratapa, promete asombros infinitos).
Apenas encontramos un rasgo interesante a nivel temático en el problema sexual de Giménez, aparentemente inexplicable y que no se dilucida nunca. Por supuesto, un pequeño detalle argumental no alcanza a levantar una obra mal escrita, pretenciosa y sobre todo, sin norte.

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