"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

19 febrero 2010

Fresca lectura de verano: "La aventura de un fotógrafo en La Plata" de Adolfo Bioy Casares

Se trata de una novela simple y fresca del célebre escritor argentino. El argumento es escueto: un muchacho pueblerino (Nicolás Almanza) arriba a la ciudad de La Plata para cumplir con un trabajo fotográfico y la novela retrata la semana que vive en la ciudad. Ya desde las primeras líneas, las sorpresas, de la mano de la extraña familia Lombardo, se interponen en su viaje (deberíamos decir mejor: se le imponen) y van delineando una historia en muchos momentos cómica. Es que un peligro inminente y un tanto incierto acecha a Nicolás, sin dejar de tomar los gestos del absurdo. Son 63 capítulos cortos a lo largo de los cuales el protagonista descubre la gran ciudad y establece relaciones sociales, algunas más cercanas que otras, especialmente con las mujeres que aparecen en la novela (no pocas) y que juegan un rol esencial. El protagonista, de una ingenuidad asombrosa, simplemente se deja llevar por las circunstancias y el lector lo acompaña de buena gana, deseoso de que su aventura concluya exitosamente, suerte de espíritu protector que surge también desde otros personajes de la historia. La novela se caracteriza por establecer una tensión narrativa a través de distintos elementos argumentales (como la espera del giro postal, a la mejor manera de "El coronel no tiene quién le escriba") o el retaceo de información. También nos encontramos con unos escasos momentos oníricos bien encastrados en la historia. Pero acaso toda la novela copie el tono de algunos sueños, en los cuales hay un aplazamiento continuo de lo que se desea.
Su lenguaje es llano, claro (con mucho diálogo) y la estructura narrativa se presenta prolija, lineal y dinámica.
No se trata de una obra maestra ni de un texto deplorable, sino de una novela medida, de buena factura, sin demasiadas ambiciones y que, por eso mismo, no puede decepcionar. Pienso que esta novela de Bioy es una buena lectura de verano, relajada y amena. Y una excelente oportunidad para conocer más al famoso escritor argentino.

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