"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

05 octubre 2009

Una novela regular de un buen escritor: "El autor intelectual", de Juan Martini

El mismo autor de novelas excelentes como “El cerco” o “Composición de lugar”, nos deja un gusto a poco en esta novela escrita en el año 2000. El argumento es chiquito: una jovencita súper atractiva e “intelectualoide" desaparece y Barberi (un escritor maduro recién divorciado), se ve envuelto sin querer en su búsqueda. Pero no hay que esperar un gran derrotero, ya que no se trata de una búsqueda propiamente dicha sino más bien de un deambular por la capital argentina que tiene mucho de guía turística para foráneos (no necesariamente de otro país, hay que tener en cuenta que el autor es rosarino) intelectualmente snobs. Los personajes no son muy creíbles que digamos: el padre de la chica, su madre (que en mi opinión constituye un personaje muy inverosímil, especialmente por sus parlamentos de “mujer dura”, muy estereotipados), su tío, su prima, su amigo. Veo muy clara la intención de delinear caracteres fuertes, distinguibles, lo que hace agua precisamente por ser tan notoria esta operatoria. También se incluyen (a la manera en que otros escritores argentinos lo han hecho) algunas conversaciones entre amigos pretendidamente intelectuales en ámbitos no citadinos (aquí es un rancho en las afueras llamado “Bombay”). El hecho de que este tipo de escenas se repitan una y otra vez en novelas argentinas, resulta un poco agotador, sobre todo porque no se dice nada interesante y se escapa un filón autobiográfico molesto que parece querer decirnos: “Vean qué gente interesante somos mis amigos y yo”. En este sentido, dado que el protagonista es un escritor, también se puede pensar que rasgos autobiográficos tiñen la historia (¿el personaje principal como una suerte de alter ego? sí, demasiado visto también en las novelas nacionales de los noventa para acá). Todo esto, profundizado por la 1º persona (con perspectiva desde el protagonista) con la que se lleva adelante la historia. Por suerte la narración es ágil, salpicada de reflexiones acerca de la percepción de Barberi sobre Buenos Aires, con flashbacks sobre sus pasadas relaciones sentimentales y no exenta de cierto tono humorístico. Por si fuera poco, la resolución del misterio resulta sumamente rebuscada, como traída de los pelos: una maraña de relaciones familiares digna del mejor culebrón de las tres de la tarde. Apenas las escenas en la tintorería del barrio logran aportar alguna frescura, pero pienso que no están explotadas del todo.
En conclusión, no la considero una novela mala o ilegible, pero sí una novela más, capaz de gustar o entretener por un rato, pero sin posibilidad de generar asombro.
NOTA: la contratapa de la edición de Grupo Editor Norma, grandilocuente como todo contratapa, reza: “…enlaza el secreto de una mujer, un crimen horrendo de la historia argentina reciente y los escasos y preciosos recursos que un hombre a veces tiene a mano para hacer de su fugaz existencia algo consistente”. Lo he citado porque me parece casi una estafa hablar de un crimen que sacudió a la Argentina como si tuviera alguna importancia en el argumento, cuando no se trata más que de 3 o 4 alusiones del narrador, completamente ajenas a la historia principal.
La otra crítica: http://www.elastillerolibros.com.ar/textos_detalle.asp?id_articulo=0

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