"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

05 octubre 2009

"Los suicidas", de Antonio Di Benedetto

Esta "novelita" (no en cuanto a contenido sino a tamaño) presenta una superficie simple, transparente tras las que se esconde la oscuridad del tema que le da origen al título. Con frases cortas, contundentes, elípticas (incluyendo el recurso de la hipérbaton para emular la oralidad) la primera persona que lleva adelante el relato nos introduce en una investigación periodística un tanto inusual: descubrir qué hay detrás de unas fotografías sobre cadáveres de personas que se han suicidado. Este tema envuelve además al protagonista desde su historia familiar y desde su entorno más inmediato (encarnado en su lacónica compañera de tareas, Marcela). Otra compañera, Bibi, realiza un rastreo de fuentes filosóficas y religiosas en torno al tema, que se van volcando -brevemente- en la novela, sin que por esto el texto pierda algo de su dinamismo y precisión o se interne en vericuetos reflexivos. En este sentido, la novela logra ahondar en profundos temas de la condición humana con una notoria agilidad y con -si cabe el calificativo- un atisbo de frescura. Porque las historias que aparecen tras la investigación de esos dos casos de suicidios tienen bastante de absurdo, así como las situaciones vividas por el protagonista - especialmente los encuentros con su novia y los altercados con sus sobrinos- .
"Los suicidas" de Di Benedetto constituye un logrado artefacto en el que, de manera muy original y efectiva, cierto tono absurdo (y por qué no humorístico, depende del efecto de lectura) posibilita la reflexión sobre el sentido de la vida, la cotidianeidad, las relaciones afectivas.

El dato: En 2005 se filmó la película homónima, dirigida por Juan Villegas y protagonizada por Daniel Hendler y Leonora Balcarce.

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