"La experiencia de la humanidad en la Tierra siempre cambia en la medida en que el hombre se desarrolla y debe lidiar con nuevas combinaciones de elementos; el escritor que quiera ser más que el eco de sus predecesores debe siempre encontrar la expresión para algo que nunca haya sido expresado, debe ser capaz de dominar un nuevo conjunto de fenómenos… Con cada victoria del intelecto humano así, ya sea en historia, filosofía o poesía, experimentamos una satisfacción profunda: hemos sido curados del dolor causado por el desorden, aliviados de una parte de la opresiva carga de eventos que no comprendemos”.
Edmund Wilson

03 julio 2009

"Abril rojo", Santiago Roncagliolo

Novela que ganó un Premio Alfaguara. Se puede entender por qué: mucho color local y acción. Y poco más.
Narrativa ágil.
Lineal.
Cinematográfica.
Tal como lo dice el escritor en la contratapa, se dio el lujo de escribir una historia "policial" sangrienta en un ambiente autóctono (su Perú). Y creo que en esto, la novela no defrauda su propósito: es claramente una historia como las que los adolescentes soñarían con leer, si es que soñaran con leer algo: crímenes horrendos y sangrientos, ensañamiento en el detalle morboso. Parece que el escritor se hubiera dado el gusto de desparramar sangre a granel y porque sí. Y poco más.
Porque es notable cómo a lo largo de todo el libro lo horroroso se coloca como golpe de efecto, aún en los detalles más triviales.
Me gustó el paralelismo de la acción policial con la popular manifestación ayacuchana de Semana Santa, en la que lo tétrico -tal como corresponde al imaginario católico- cumple el rol principal, pero lo descabellado de la historia acompaña de manera literalmente tortuosa este festejo.
En sí mismo, el argumento -ni hablar del final, donde ya se le escapa de mala manera toda posible coherencia y verosimilitud- hace agua por todas partes. ¡Muy poco creíble el cuento entero!
Interesante el intento de plasmar el contexto socio-político peruano de los últimos años, Sendero Luminoso incluido de una manera que en muchos pasajes puede resultar criticable. Y también el intento de desnudar las redes de corrupción e injusticia latinoamericanas que tan bien ha sabido urdir, por ejemplo, el gran García Márquez y que un lector avezado tiene tan bien digeridas. En mi opinión, se queda sólo en intentos: este poderoso contexto no logra cuajar con la destartalada historia principal que -repito-parece ideada por un adolescente morboso.
¿Los personajes? El protagonista Don Chacaltana es un bluf de pies a cabeza. Un cursi leguleyo que el autor pretende hacer pasar por antihéroe -y no hay peor cosa para un antihéroe que el hecho de serlo realmente- con su increíble torpeza y honestidad que en más de un momento me hizo pensar que se trataba de un retrasado mental. Si intentaba mover a la risa o acercarse a la ironía, se queda muy corto.
Como no podía faltar en las novelas contemporáneas que he leído en los últimos años, está la hermosa señorita que el protagonista seduce, nunca se sabrá por qué (una pregunta al margen: ¿por qué los narradores hombres de la actualidad insisten en la coprotagonista bella y joven como si de una telenovela se tratase, como si quisieran aprovechar la novela para endosarnos a la mujer de sus sueños?).
Otro de los intentos fallidos es la pretensión de dotar al texto de cierta riqueza expresiva a través de dos elementos: los informes de Chacaltana y un discurso fantasma perteneciente al asesino, que se repiten a lo largo de la novela. Pero la estrategia irónica de los informes remite demasiado a "Pantaleón y las visitadoras". Y por su parte, el discurso del asesino, estilo monólogo interior, resulta medianamente interesante, pero no se termina de relacionar con la cosmovisión del verdadero autor de los crímenes. Incluso los errores ortográficos que se desparraman en estos pasajes -que podrían constituir una buena estrategia- carecen de toda credibilidad.
La novela puede resultar atractiva al lector foráneo en lo relativo a un superficial color local: la fiesta popular, las comidas, la idiosincrasia de un pueblito peruano, la burocracia de sus instituciones, aunque quede demasiado claro que cada cosa fue puesta ahí precisamente para llamar la atención sobre eso. Sí me gustó la relación del protagonista con su madre muerta, un filón bien explotado. Y rescato un giro que se le da a la personalidad de Chacaltana (en el episodio luego de dormir en la habitación de Edith).
En conclusión, un libro pasatista, por momentos risible sin desearlo -el final no tiene desperdicio en este sentido-, demasiado cruento sin necesidad como una película de terror de sábado a la tarde y que estéticamente no propone absolutamente nada.
Apenas le hago un reconocimiento por la intención de hablarle al gran público sobre las injusticias que hemos sufrido los pueblos latinoamericanos, por la impunidad de los poderosos y el sufrimiento de los que quieren cambiar las cosas. Muchos lectores, será la primera vez que se enfrenten a estos temas.
Y mal Alfaguara, un desastre Alfaguara que sólo busca el best-seller, mientras los pobres lectores que amamos la buena literatura nos quedamos esperando una vez más (y ya van...).

La otra crítica: http://www.letraslibres.com/index.php?art=11315

3 comentarios:

Lilián B. dijo...

Muy interesante esta crítica sobre la novela, de un autor también peruano: http://rvirhuez.blogsome.com/2009/03/06/abril-rojo/

Lilian B. dijo...

Los links de los artículos a los que hace referencia el anterior (y en los que se basa) son:
http://www.angelfire.com/ar2/dantecastro/yanapuma/index.blog?entry_id=1201404

http://www.omni-bus.com/n12/abril.html

Daniel Silva dijo...


Bastante de acuerdo con la reseña. Por favor, qué novela tan mediocre, cómo le pueden dar el premio alfaguara, no lo entiendo.
El personaje principalmente es totalmente inverosímil, parece un tipo excesivamente tonto y de repente se vuelve valiente y agudo. En fin, no tengo palabras, pero si puedo ayudar a algún buen lector, que lea con frecuencia y que le guste la buena literatura, no pierda su tiempo como lo hice yo. Saludos